LA BRUJA DE LAS FLORES
Mi mamá tiene un hermoso jardín que es la envidia de todas las vecinas.Todas las mañanas lo riega con su regadera azul, saca todos los yuyitos que crecen entre las plantas, corta las flores marchitas y quita las hojitas secas para que puedan crecer las nuevas. A mí me gusta mucho ayudar a mi mamá en el jardín. Ella muchas veces habla con las plantas y hasta les puso nombres, yo la escuché cuando decía arrodillada frente a un rayito de sol “¿cómo estás?”
El otro día, llamó mi abuela Nora de Santa Fe y mamá puso cara de triste y preocupada.
Esa noche charló con mi papá en voz baja, yo no sabía porque estaba triste, si la abuela Nora hace los panqueques con dulce de leche más ricos del mundo.
Después me enteré que mi abuela estaba enferma y que mi mamá iba a ir unos días a cuidarla. Yo me voy a quedar con mi papá que se va a tomar vacaciones en su trabajo.
-Ahora la encargada de cuidar el jardín sos vos- me dijo mi mamá, antes de salir a tomar el micro que la va a llevar a la casa de mi abuela-.
Por eso, todas las mañanas, con la regadera azul salí al jardín y regué las plantas, pero una de esas mañanas pasó algo muy raro, estaba por tirarle agua a las clavelinas cuando veo que una de las flores se mueve y no era por el viento, ese día no había viento, yo me agaché para ver si algún caracol o alguna hormiga traviesa andaban por ahí, pero cuando me acerqué oí que la clavelina me decía “hola”, del susto me caí sentada y me tiré toda el agua encima. La flor, en cambio, me preguntó por mi mamá, yo no podía ni contestar del miedo que tenía, salí corriendo buscando a mi papá pero justo se había ido a hacer los mandados. Me cambié de ropa mirando por la ventana del comedor la que da al jardín y la clavelina parecía de lo más común y silvestre. La verdad que creí que todo había sido mi imaginación. Mi mamá siempre me dice “de grande vas a ser escritora porque siempre estás inventando historias” Para tranquilizarme me puse a ver la televisión y no le conté nada a mi papá..
Al otro día volví a regar las plantas pero empecé por el otro lado, por las dudas, y justo cuando iba llegando a los gladiolos blancos escuché “¿y tu mamá?” Se imaginan, yo casi me desmayo, pero contesté tartamudeando que estaba en lo de mi abuela.
Fue entonces cuando el rosal, que tiene la voz ronca y profunda, me contó que las plantas hablan, que siempre lo hicieron pero solo con las personas especiales que aman y cuidan a la naturaleza, como mi mamá, y que a esas personas ellas las llaman BRUJIFLORAS porque vienen a ser una especie de brujas de las flores. Ahí entendí porque el jardín de mi mamá era el más lindo y perfumado de la cuadra y la envidia de nuestra vecina doña Luisa, que tiene unos ojos saltones como sapo, y por eso lo cuidé mejor que nunca, hasta que volvió mi mamá con la abuela Nora.
Ahora que ya está rebien, las tres seguimos cuidando el jardín todas las mañanas.
Saben una cosa, mi vecina, doña Luisa, empezó a intentar lo mismo y la veo todas las tardecitas arrodillada hablándole a las plantas, aunque no creo que pueda convertirse en una Brujiflora.
Igual no me importa, porque no es lo mismo ser una Brujiflora que una familia de Brujifloras ¿No les parece?
Maria Delia Minor


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