Un libro es una puerta a mundos imaginarios .No perdamos la oportunidad. Abrámos un libro!!!!!!!!
miércoles 23 de abril de 2008
viernes 11 de abril de 2008
De Alicia Esaín , un hermoso regalo
La ilustración es un regalo de Pilar Ribas MauraEL ELEFANTE AZUL
Anteanoche he perdido a mi elefante
y parece que se fue lo más campante.
Me contaron que marchó con la jirafa
a buscar algunos discos a su casa.
¿Será cierto que quieren armar bailes
y saltar dando mil vueltas por el aire?
¡Cómo extraño los besos de su trompa
y su juego en la bañera haciendo pompas!
Cuando llega la noche yo lo llamo,
sólo duermo si me toma de su mano…
¡Se me pasa la noche dando vueltas
y los osos de mi cuna se despiertan!
Es entonces cuando mamá me canta
esa canción de gatos que me encanta.
Y me promete que vendrán los abuelos
para traerme otro elefante nuevo.
ALGO INTERESANTE PARA REFLEXIO NAR
La formación de lectores y el llanto de cocodrilo
Por Graciela Montes
En: Espacios para la lectura. Órgano de
La angustia estalló en algún momento del siglo y borboteó largamente en estudios teóricos, métodos infalibles, recursos didácticos, grupos de estudio, planes de investigación, mesas redondas, artículos periodísticos y demás gestos en los que sobresalía el tono escandalizado, la alarma. No cabe duda: la pintoresca especie de los lectores se estaba extinguiendo inexorablemente. “Se lee poco”. “No se lee”. “La gente ya no lee como antes”. Y, por supuesto, el acostumbrado “los chicos no leen”. Tan notable y generalizado es este gesto de la sociedad golpeándose el pecho, arrancándose los cabellos y gimiendo por el fin de los lectores que tal vez resulte útil ventilar un poco la cuestión, no vaya a ser cosa de que quedemos sumergidos, como la pobre Alicia, en un charco de lágrimas... de cocodrilo.
Lo mejor es desinflar el globo de las grandes generalizaciones y poner algunas cosas en su lugar:
- Algunos no leen porque nadie les enseñó a leer.
- Algunos no leen porque no tienen libros.
- Algunos no leen porque —dicen—“no les gusta leer”.
(Conviene recordar que los dos primeros grupos son desmesuradamente grandes en América Latina.)
A todos esos no lectores algo les debe la sociedad. Reconozcamos que no estaban condenados desde sus cromosomas a ser no lectores, sino que, de un modo u otro, les fallaron los mediadores sociales, les falló la sociedad. A todos ellos les faltó algo que no les habría debido faltar. En algún momento les hicieron una zancadilla. De modo que es bueno que la sociedad se haga cargo y admita, mal que le pese, que no se trata de una fatalidad del destino sino de una consecuencia de actos históricos y concretos de los que no puede declararse inocente.
La sociedad fabrica no lectores y, cuando ve su producto, no atina sino a agarrarse la cabeza escandalizada. Primero provoca el incendio y después sale corriendo a llamar a los bomberos. En esa conducta no hace más que proyectar sus contradicciones y sus hipocresías respecto a la lectura, a los libros, al pensamiento crítico, a la educación y, de un modo más general, a lo que llama “la cultura”. Por un lado, en el escenario encendidas declaraciones en defensa de los libros y de la lectura, exageradas y hasta absurdas, fetichizantes. Detrás, en bambalinas, conductas bien concretas y muy poco explicitadas tendientes a fomentar la no lectura o, al menos, a condenar a la irremediable iliteralidad a gigantescas masas poblacionales del planeta.
Casi en el mismo momento y en un segundo y teatral gesto, que también le es muy característico, esa misma sociedad escandalizada extiende la mano y, como al descuido, deposita el conflicto en los niños. Son los niños los que no leen. Los niños, una vez más y como siempre. Los niños, esos recipientes pequeños donde, sin embargo, puede volcarse todo, los eternos, sagrados e indispensables chivos expiatorios.
Ahí es cuando me irrito y siento ganas de sacudir el tablero de la amable preocupación de nosotros, los grandes.
¿Qué tal si probamos alfabetizar (pero alfabetizar en serio), sin mezquindades a todos nuestros chicos, darles escuelas, maestros bien remunerados, libros? ¿Qué tal si les regalamos bibliotecas jugosas, muchas bibliotecas —de escuela, de aula, de sindicato, de club—, rebosantes de libros excitantesy codiciables? ¿Qué tal si les donamos un poco de nuestro tiempo
, de nuestra voz, de nuestra compañía junto con los libros? ¿Qué tal si pensamos y estimulamos el pensar, el criticar, el discutir, el informar acerca de la propia vida? ¿Qué tal si volvemos a hablar con nuestros hijos de las cosas de todos los días, de las cosas de antes y de ahora, de nuestras fantasías? ¿Qué tal si intentamos recuperar nosotros mismos la codicia del libro, el tiempo libre y privado, la reflexión, la mirada aguda, el placer por las palabras?
Si después los chicos siguen empecinados en alejarse irremediablemente de la lectura, podremos mover apesadumbrados la cabeza y sentarnos a discutir el mañana, hasta tanto no lo hagamos, nos limitaremos a gimotear…
martes 8 de abril de 2008
domingo 6 de abril de 2008
UN NUEVO CUENTO
LA BRUJA DE LAS FLORES
Mi mamá tiene un hermoso jardín que es la envidia de todas las vecinas.Todas las mañanas lo riega con su regadera azul, saca todos los yuyitos que crecen entre las plantas, corta las flores marchitas y quita las hojitas secas para que puedan crecer las nuevas. A mí me gusta mucho ayudar a mi mamá en el jardín. Ella muchas veces habla con las plantas y hasta les puso nombres, yo la escuché cuando decía arrodillada frente a un rayito de sol “¿cómo estás?”
El otro día, llamó mi abuela Nora de Santa Fe y mamá puso cara de triste y preocupada.
Esa noche charló con mi papá en voz baja, yo no sabía porque estaba triste, si la abuela Nora hace los panqueques con dulce de leche más ricos del mundo.
Después me enteré que mi abuela estaba enferma y que mi mamá iba a ir unos días a cuidarla. Yo me voy a quedar con mi papá que se va a tomar vacaciones en su trabajo.
-Ahora la encargada de cuidar el jardín sos vos- me dijo mi mamá, antes de salir a tomar el micro que la va a llevar a la casa de mi abuela-.
Por eso, todas las mañanas, con la regadera azul salí al jardín y regué las plantas, pero una de esas mañanas pasó algo muy raro, estaba por tirarle agua a las clavelinas cuando veo que una de las flores se mueve y no era por el viento, ese día no había viento, yo me agaché para ver si algún caracol o alguna hormiga traviesa andaban por ahí, pero cuando me acerqué oí que la clavelina me decía “hola”, del susto me caí sentada y me tiré toda el agua encima. La flor, en cambio, me preguntó por mi mamá, yo no podía ni contestar del miedo que tenía, salí corriendo buscando a mi papá pero justo se había ido a hacer los mandados. Me cambié de ropa mirando por la ventana del comedor la que da al jardín y la clavelina parecía de lo más común y silvestre. La verdad que creí que todo había sido mi imaginación. Mi mamá siempre me dice “de grande vas a ser escritora porque siempre estás inventando historias” Para tranquilizarme me puse a ver la televisión y no le conté nada a mi papá..
Al otro día volví a regar las plantas pero empecé por el otro lado, por las dudas, y justo cuando iba llegando a los gladiolos blancos escuché “¿y tu mamá?” Se imaginan, yo casi me desmayo, pero contesté tartamudeando que estaba en lo de mi abuela.
Fue entonces cuando el rosal, que tiene la voz ronca y profunda, me contó que las plantas hablan, que siempre lo hicieron pero solo con las personas especiales que aman y cuidan a la naturaleza, como mi mamá, y que a esas personas ellas las llaman BRUJIFLORAS porque vienen a ser una especie de brujas de las flores. Ahí entendí porque el jardín de mi mamá era el más lindo y perfumado de la cuadra y la envidia de nuestra vecina doña Luisa, que tiene unos ojos saltones como sapo, y por eso lo cuidé mejor que nunca, hasta que volvió mi mamá con la abuela Nora.
Ahora que ya está rebien, las tres seguimos cuidando el jardín todas las mañanas.
Saben una cosa, mi vecina, doña Luisa, empezó a intentar lo mismo y la veo todas las tardecitas arrodillada hablándole a las plantas, aunque no creo que pueda convertirse en una Brujiflora.
Igual no me importa, porque no es lo mismo ser una Brujiflora que una familia de Brujifloras ¿No les parece?
Maria Delia Minor
martes 1 de abril de 2008
2 de abril DIA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL



